Guaman Poma de Ayala, F. 1987. Nueva Crónica y buen Gobierno.
Historia 16. Madrid.
”Como sale el Ynga a paesear con sus lacayos y morriones
y estandartes, tronpetas y flautas y dansas y taquies y lleua
yndios Chunchos desnudos por gala y señorear. Y sale en sus
andas quispi ranpa [andas de piedras preciosas] con su coya
señora: acimismo sale a pelear.
Como tenía los Yngas y capac apo [señores poderosos]
tambores grandes con que se holgauan y le llamauan poma tinya [tambor de piel
de puma] y tronpeta guaylla quepa, pototo [de caracol], flautas pingollo,
antara, pipo, cata auari, auaroro, quena quena, chiuca. Que abía en este rreyno
múcicas y nucaya [una fiesta] de los yungas de cada ayllo [parcialidad] para
fiestas del Ynga y prencipales.
Como se enamoraua el Ynga más de las señoras
principalas de los Colla Suyos y Canchis, Pacages. Por esa uía bolbía muy
mucho por ellos y no faborecía a los Chinchay Suyos, bolbía la señora coya
con selos.
Como tenía una cas y patio lleeno [sic] de
pájaros y monos y micos y uacamayas [papagayo grande] y papagayos y loritos
y periquitos y sernícales y tórtolas cucurí y chiuillos [pájaro negro], chayna
[jilguero] y otros muchos páxaros de la cierra y de los yungas, biscachas
y laguna de pescado, fuentes de agua Uiruy Paccha, cantoc pacha [fuente, chorro
de agua] (Guaman Poma de Ayala (29ª), 1987:336 y 338).
“Las dichas yndias destos rreynos debotas [a
la] cristiandad entran a los conuentos de monjas. Sauen leer, escriuir y múcica
y custorera. Sauen labrar, cozer tanto como española, ladina y hazen puntas
y lauandera linpias, panaderas, cozeneras, despenseras y demás oficio. Todo
lo que saue las españolas lo sauen y trauajan mejor que los hombres y sauios
y cristianas. Y se le enseñara cosa buena, las dichas señoras fueran santas
pero enseñale cosa mala y a media noche enbía fuera por las calles y uen todo
lo malo. Y ancí salen putas aprouadas, mejor que sus amas haraganes, mentirosas
en este rreyno.
Los dichos yndios cristianos de auilidad tienen
cargos de la yglecia, fiscal mayor y menor como los cantores. A falta y ausencia
de los dichos padres, entierran los difuntos con su letanía y oraciones y
rresponsos. Las uísperas lo dizen con múcica cantadas y la salue rrezan a
la madre de Dios. Y domingos y fiestas dizen las oraciones cantadas. Rezan
todo lo dicho como cristiano; lo hazen en ausencia del dicho cura.
Y cristiana bautiza, echando el agua de Dios
a la cría desta suerte: “Yo te bautizo, Juan o Juana, en el nombre delPadre
y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Jesús”, con lesencia de los muy yllustres
yn Cristo obispos deste rreyno porque no se muera la criatura y baya al linbo
cin bautismo en ausencia del dicho padre.
Y en los días de obligación, biernes y miércoles,
dizen la oración en maneciendo Dios y estaciones y rresponso a los defuntos
y rreza todo el pueblo y echa las fistiuidades de las fiestas de la semana
y uigilia quatro ténpora, para que guarden los yndios.
Todo lo dicho lo hazen porque son cristianos
y pulíticos, áuiles cierbos de Jesucristo deste rreyno los yndios. Y todo
lo dicho estorua los opadres y curas de las dotrinas y castiga, diciéndole:”santico
ladinejo”. Y ancí dexan lo bueno y apriende lo malo y se huelga de ello por
ganar plata de ellos y sacar rreales. Y ancí no ay santo de ellos, cino ydúlatra
(Guaman Poma de Ayala (29b), 1987:882).
“Todas las ciudades y uillas, aldeas fundadas
por los rreys Yngas y después lo fundó don Francisco Pizarro y don Diego de
Almagro, apitanes y enbajadores del señor rrey emperador don Carlos de la
gloriosa memoria. Y algunas ciudades y uillas fueron fundadas por los excelentícimos
señores bizorreys deste rreyno.
Algunas ciudades son de ualor y algunas ciudades
es como aldea de Castilla y algunas uillas es como ciudad y mayores. Que la
uilla de Potocí puede ser ciudad en España y la uilla de Yca es como ciudad.
Y ay otros pueblos de españoles que nostán poblados en todo el rreyno questá
en deuajo de las manos de su Magestad y de su gobierno, su bizorrey.
Todo los yndios orentales, osedentales, desde el Gran Chino
como México, Santo Domingo, Panamá, Payta, Paraguay, Tocumán
tocante a la casta y cimilla de yndios gobierna su Magestad
y rreyna. Y ací su bizorrey gobierna y a de gobernar y señoreal
este Mundo Nuevo de las Indias (Guaman Poma de Ayala (29c),
1987:1077 y 1080).
Garcilaso de la Vega, Inca. 1971 Comentarios
Reales. Kapelusz. Buenos Aires.
La fundación del Cozco, ciudad imperial
“La primera parada que en este valle hicieron,
dijo el Inca, fue en el cerro llamado Huanacauri, al mediodía
de esta ciudad. Allí procuró hincar en tierra la barra de oro
la cual, con mucha facilidad, se les hundió al primer golpe
que dieron con ella, que no la vieron más. Entonces dijo nuestro
Inca a su hermana y mujer: “En este valle manda nuestro padre
el sol que paremos y hagamos nuestro asiento y morada, para
cumplir su voluntad. Por tanto, reina y hermana, conviene que
cada uno por su parte vamos a convocar y atraer este gente,
para los doctrinar y hacer el bien que nuestro padre el sol
nos manda”(Garcilaso de la Vega, 1971:47).
La fortaleza del Cozco. El grandor de
sus piedras
“Maravillosos edificios hicieron los Incas,
reyes del Perú, en fortalezas, en templos, en casas reales,
en jardines, en pósitos* y en caminos, y otras fábricas de grande
excelencia, como se muestra hoy por las ruinas que de ellas
han quedado; aunque mal se puede ver por los cimientos lo que
fue todo el edificio. La obra mayor y más soberbia que mandaron
hacer para mostrar su poder y su majestad fue la fortaleza del
Cozco, cuyas grandezas son increíbles a quien no las ha visto,
y al que las ha visto, y mirado con atención le hacen imaginar,
y aun creer, que son hechas por vía de encanamiento, y que las
hicieron demonios y no hombres; porque la multitud de las piedras,
tantas y tan grandes, como las que hay puestas en las tres cercas
(que más son peñas que piedras) causa admiración imaginar cómo
las pudieron cortar de las canteras de donde se sacaron, porque
los indios no tuvieron hierro ni acero para las cortar ni labrar;
pues pensar cómo las trajeron al edificio es dar en otra dificultad
no menor, porque no tuvieron bueyes, ni supieron hacer carros,
ni hay carros que las puedan sufrir, ni bueyes que basten a
tirarlas; llevábanlas arrastrando a fuerza de brazos con gruesas
manormas**, ni los caminos por donde las llevaban eran llanos,
sino sierras muy ásperas por donde las subían y bajaban a pura
fuerza de hombres” (Garcilaso de la Vega, 1971:115).
*lugar donde se hacía acopio de granos para
entregar a las necesidades o usar en los meses de menor abundancia.
**cuerda gruesa trenzada y retorcida (generalmente
hecha con espartos y cáñamos).
Dos caminos famosos que hubo en el Perú
“Será justo que en la vida Huayna Cápc*
hagamos mención de los dos caminos reales que hubo en el Perú
a la par Norte-Sur, porque se los atribuyen a él. El uno va
por los llanos, que es la costa de la mar y el otro por la sierra,
que es la tierra adentro, de los cuales hablan los historiadores
con todo buen encarecimiento; pero la obra fue tan grande que
excede a toda pintura que de ella se puede hacer; y porque yo
no puedo pintarlos tan bien como ellos los pintaron, diré lo
que cada uno de ellos dicen, sacado a la letra. Agustín de Zárate,
libro primero, capítulo XIII, hablando del origen de los Incas
dice lo que sigue: “Por la sucesión de estos Incas vino el señorío
a uno de ellos que se llamó Guaynacaua (quiere decir mancebo
rico) que fue el que más tierra ganó y acrecentó a su señorío
y el que más justicia y razón tuvo en la tierra y la redujo
a policía** y cultura, tanto, que parecía cosa imposible una
gente bárbara y sin letras regirse con tanto concierto y orden
y tenerle tanta obediencia y amor sus vasallos, que en servicio
suyo hicieron dos caminos en el Perú, tan señalados, que no
es justo que se queden en olvido; porque ninguna de aquellas
que los autores antiguos contaron por las siete obras señaladas
del mundo, se hizo con tanta dificultad, y trabajo, y costas
como éstas [...]. Pedro Cieza de León, hablando en el mismo
propósito, dice del camino que va por la sierra lo que se sigue,
capítulo XXXVII: “De Ipiales se camina hasta llegar a una provincia
pequeña que ha por nombre Guzca, y antes de llegar a ella se
ve el camino de los Ingas, tan fomoso en estas partes como el
Anibal*** hizo por los Alpes cuando bajó a la Italia; y puede
ser tenido éste en más estimación, así por los grandes aposentos
y depósitos que había en todo él, como por ser hecho con mucha
dificultad, por tan ásperas y fragosas sierras que pone admiración
verlo” [...]. Juan Botero Benes también hace mención de estos
caminos, y los pone en sus relaciones por cosa maravillosa,
y aunque en breves palabras los pinta muy bien, diciendo: “Desde
la ciudad del Cozco hay dos caminos o calzadas reales de dos
mil millas de largo, que la uno va guiada por los llanos y la
otra por las cumbres de los montes, de manera que para hacerlas
como están fue necesario alzar los valles, tajar las piedras
y peñascos vivos y humillar la alteza de los montes. Tenían
de ancho veinte y cinco pies; obra que sin comparación hace
ventaja a las fábricas**** de Egipto y a los romanos edificios”[...].Todo
esto dicen estos tres autores de aquellos dos famosos caminos,
que merecieron ser celebrados con los encarecimientos que a
cada uno de los historiadores les pareció mayores; aunque todos
ellos no igualan a la grandeza de la obra, porque basta la continuación
de quinientas leguas, donde hay cuestas de dos, tres y cuatro
leguas y más de subida, para que ningún encarecimiento le iguale
[...] (Garcilaso de la Vega, 1971: 126-130).
*Último de los grandes Incas, conquistador
de Quito, norte del Imperio, cuyo gobierno se caracterizó por
su perfecta administración y por las construcciones edilicias
que se llevaron a cabo en las ciudades más importantes del reino.
**mampostería. Piedras sin labrar.
***General cartaginés que luchó contra los romanos. Logró atravesar
los Pirineos y los Alpes, y se dirigió hasta Capua, ciudad de
la que hizo su cuartel general, pero debió abandonar su intento
de tomar Roma para regresar al África y defender su patria amenazada
por Escipión el Africano. Derrotado en la batalla de Zama se
envenenó para no caer en poder de los romanos en el año 183
a. de J.C.
****Su construcción. Uso del significado etimológico de
la palabra que posteriormente adquiere otro matiz semántico.
En nuestra literatura Jorge Luis Borges emplea el término con
aquella antigua acepción en el relato “El inmortal”,
del libro El Aleph.
Biedma, M. y otros. 1989. La Conquista Franciscana del Alto
Río Ucayali. IIAP-CETA. Iquitos.
“La noticia de la llegada de los misioneros
atrajo a delegaciones de indígenas de toas partes. Sentían curiosidad
de ver a los frailes y éstos deseaban causarles buena impresión.
Con ese objeto Biedma les ofreció machetes, navajas, anzuelos,
trampas, botones, etc., según el prestigio del visitante. Sucedieron
a estos amistosos visitantes otros del sector del río Ene, más
alejado, que eran hostiles y trataron de persuadir a Tonte para
que matara a los frailes o para que, por lo menos, los expulsara
[...]” “[...] La lucha consistió en su mayor parte
en lanzar insultos a gritos, de suerte que a primeras horas
de la mañana la mayoría de los participantes estaban tan roncos
que ni podían hablar. Biedma aprovechó este silencio forzoso
para dirigirse a los forasteros en su propia lengua y explicarles
la razón de su presencia. Apaciguados por sus palabras, trocaron
su hostilidad por la amistad, y se acercaron a conocer al misionero
y a recibir el presente acostumbrado de los instrumentos de
hierro[...]” (Biedma, 1989:28-29)
“No todos los indios de la zona recibieron
con agrado el progreso misionero que representaba esta nueva
misión y los preparativos de Biedma para sus nuevas fundaciones.
Algunos de los que se oponían al avance de los frailes eran
conservadores y no se resignaban a que se abandonaran las antiguas
costumbres, otros están atemorizados por las enfermedades que
tan rápidamente se propagaban entre sus gentiles y había algunos
a quienes les fastidiaban las limitaciones impuestas a su libertad
por el sistema misionero [...]” (Biedma, 1989:32).
“Muchos son los prodigios que obra Dios
en confirmación de su santa ley y doctrina que predican sus
ministros, especialmente entre bárbaros, donde se experimenta
lo que dijo San Agustín: signa infidelibus. No puedo referirlos
todos ni aun siquiera apuntalarlos: porque me falta el libro
que está en la conversión, donde se han notado y escrito y por
no arriesgar la memoria falte a la verdad de algunas circunstancias;
sería mejor dejarlos de escribir, que no que carezcan de la
pureza que se debe. Otros casos, aunque raros y singulares que
me han cuedido a mí solo no pongo por carecer de testigos con
quienes comprobar su verdad. Otros dejo de escribir porque están
vivos los ministros con quienes sucedieron algunos prodigios;
y aunque el árbol de su virtud sea seguro, bien profundo en
las raíces de su humildad, se ofendiera su modestia, temiendo
puediera jugar mal fundado discurso que tenía parte el ministro,
en lo que obra solo Dios: qui fecit mirabilia solus***, por
las almas que interesa. Estos que he referido no tienen ese
riesgo y es lo que más ha podido la memoria sin tropezar en
duda, aunque en sus mínimas circunstancias. Todos se proponen
con los religiosos que se hallan presentes, pues estaban vivos
los más para seguro de la verdad que refiero” (Biedma, 1989:
121).
*** “Que sólo él hace maravillas”
Uriarte, M.J. (S.j.). 1986. Diario de un misionero de Maynas.
IIAP-CETA. Iquitos
“Día 2º de Pascua de Navidad de 1750 (ese
mismo día, en 1742, salí de Granda para embarcarme en Santa
María). Salimos para las Misiones cinco sujetos; se predicó
en Tumbaco, y comulgó la señora madre del Cura Aguado; también
se platicó en Papallacta, de donde volvimos las cabalgaduras
[...]”. “[...] Un boga infiel se moría con cursos, bautozósele,
instruído, en la canoa, y se alivió; llegamos a San luis de
Tiriri a los dos días, donde había como veinte adultos casados,
con sus casitas a medio hacer, y la del misionero armada, o
cobijada; los demás estaban desnudos, con lanchamas o cortezas;
repartímosles de vestir, y otras cosas, y con Sánchez, intérprete
les hablamos y les adoctrinamos[...]” (Uriarte, 1986:103-104).
“Encontré la gente de mi pueblo más altanera
y con algunos malos ejemplos de los del Marañón; y un ladino
varayo, Antonio Pencuari, el cual se había amachinado con otra
india, faltaba y era causa que faltasen a la Iglesia otros,
aun los domingos. Aconsejéles lo posible, regaléles, mas de
todo hacían burla, en especial Antonio[...]”. “[...] Finalmente,
al Antonio, que de todo hacía mofa, un domingo, convido de sus
recientes delitos, le hice acostar en la puerta de la iglesia
por mano de un fiscal, que le dio sólo cuatro azotes encima
del cotón, más por avergonzarlo y enmendarlo que por otra cosa,
añadiéndole consejos amorosos y después algunos regalos por
ganarlo. Más nada bastó; conjuró a los otros en mi muerte,
diciéndoles que ahora que estaba solo era buena ocasión para
robar todo e irse al monte a vivir a su gusto. Un sábado las
mujeres fieles me vinieron tarde avisar que no fuese a boca
de noche al Rosario, que el Antonio y otros querían matarme
en la iglesia. Aunque la carne rehusaba, me animé a ir por lo
mismo, pero de modo que supiesen sabía sus intentos; cargué
la escopeta con pólvora y le dije a mi Ignacio la tuviera en
la puerta; a pocos toques de campana estuvieron en la iglesia
toda la gente (aunque los otros días para Misa los domingos
había que ir a buscarlos) y con ruido y algazara no acostumbrada,
púseme a la puerta por dentro y les dije: “Hijos míos,
yo he venido de lejanas tierras por enseñaros el camino del
Cielo; todo lo que hubiere de socorrer es para vosotros; ya
tenéis todos hachas, machetes, vestidos, y se os irá dando cuando
os faltare. No oigáis al demonio, que os quiere apartar de los
Padres para llevaros al infierno. Mas si algunos os alborotan
y me quieren hacer mal, sepan que yo a nadie temo, sino a Dios,
ni he de dejar perder el pueblo, tengo esta escopeta, sable,
pistolas, no para matar, mas para que me defiendan, vamos rezando
a María santísima”. Con esto, hincado de rodillas en medio
abajo, empecé el Rosario; los amotinados se miraban, mas ninguno
se atrevió a nada. Acabando, salieron todos besándome la mano
[...]” (Uriarte, 1986: 127-128).
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